La generación del shock
El uso de la tecnología hace que las generaciones más recientes apliquen terapia de shock a sus padres y abuelos: nada, ni la manera de comunicarse o la forma de ganar dinero es igual a lo que estábamos acostumbrados

César González Granados
Periodista


Si usted nació entre 1970 y 1990, podría tener problemas para procesar la cantidad de cambios que las nuevas generaciones traen consigo. En este momento, los milennials comienzan a ingresar al mercado laboral, y con ellos todos los paradigmas que aprendimos quienes transitamos la treintena o las cuatro décadas entran en conflicto (en el mejor de los casos) o en franco desafío.

A nuestras generación se le enseñó a educarse lo más posible, a obtener un buen trabajo y hacer lo posible para mantenerlo, a sentar cabeza y buscar estabilidad, a casarse, tener una casa, un buen auto, hijos, una cuenta de ahorro y una pensión digna.

Pero a la generación de los milennials, ésta que vino con el cambio de siglo, todas estas cosas no le son atractivas. Los milennials viven su vida en torno a las experiencias. Lo que los motiva es la disponibilidad de tiempo que les permite realizar varias tareas de distinta naturaleza, y compartir con sus amigos. Son jóvenes que viven en simbiosis con la tecnología: su manera de socializar está ligada a los dispositivos como mecanismo y herramienta. La tecnología es asumida como auxiliar de la memoria y principal canal de comunicación.

No se ven a sí mismos 30 años en un solo puesto. Son capaces de trabajar año y medio de manera intensa, ahorrar hasta el punto del hambre, y luego renunciar al trabajo que tienen para irse a viajar por lugares recónditos del mundo.

Para muchos de estos milennials, el ser dueño de una casa es tener una atadura. Los milennials que logran el éxito financiero piensan primero en alquilar que en comprar, pues esto les da movilidad. Si se aburren de un sitio, se mudan a otro y listo.

Muchos de estos jóvenes consiguen ganar cantidades brutales de dinero sin haber terminado carrera alguna (o mientras la cursan). Lo hacen de la manera menos convencional: pueden escribir para revistas de viajes mientras conocen el mundo, hacerlas de filólogos o traductores para compañías extranjeras, o tener un canal de Youtube en donde reciben miles de visitas y recibir por ello dinero por publicidad.

Son capaces de todo esto y más. Son disruptivos en el uso de transporte, prefieren productos sin conservantes artificiales, se preocupan mucho por la ecología y la salud, tienen una mayor conciencia de justicia y equidad que sus antecesores, y su rápida adaptación a los retos ha hecho que el mercado haya tenido que reaprender todo lo que era sagrado en materia de gestión humana y mercadeo. En el ámbito económico, ellos impulsan la economía colaborativa, atentando contra las jerarquías y orden establecido con un pragmatismo incuestionable.

El milennial es un consumidor racional que entiende que las emociones son utilizadas para vendernos cosas. Su apego a lo material depende de qué tan útil o significativo le sea. Su aprecio hacia los demás radica en experiencias más que en apariencias, y mantener su motivación en alto es tarea difícil para quienes nacimos tan sólo hace una década o dos antes que ellos. El mundo ha cambiado aceleradamente al punto de generar una brecha generacional importante entre ellos y nosotros.

¿Cómo serán las generaciones siguientes? ¿Será tan marcada la diferencia entre sus motivaciones, capacidades, economía, gustos y preferencias? ¿Qué tan rápido lograrán dominar los avances tecnológicos y qué tanta ventaja obtendremos de sus habilidades y capacidades? Está por verse

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