Periódico Argentino
LA NACIÓN
Miércoles 30 de mayo de 2007
Según Ibáñez, las agresiones de otros poderes y hasta la
actitud de los propios jueces obligan a pensar que la
independencia “no existe por las buenas” y que, incluso
en un marco legal que la favorezca, “hay que luchar por
ella”.
Original de Palencia, una región donde los nombres se
ponían a golpe de santoral, el magistrado, de 63 años,
es el cuarto y último miembro de una generación de
Perfectos. Es también un hombre de familia judicial. Esa
cercanía con la toga y los códigos y el haber comenzado
la carrera durante el franquismo motivaron su interés
por el problema de la independencia y por saber qué
modelo de juez y de justicia la garantizaban mejor. En
los libros que publicó sobre el tema -se destacan
El poder judicial
(1986),
Corrupción y Estado de Derecho: el papel de la
jurisdicción (1996),
Crisis del sistema
político, criminalizació
-¿Cuándo nació su
interés por el tema de la independencia?
-Comencé a ejercer la profesión en la dictadura
franquista y allí el problema de la independencia tenía
una densidad notable, porque el sistema la hacía muy
difícil. Si cabía alguna, era con un cierto costo
personal y por la propia actitud de quien la ejercía.
Luego descubrimos que con la dictadura no se acaban los
problemas, porque el juez está siempre inmerso en un
contexto en el que la independencia es incómoda a otras
instancias de poder. Le llegan asuntos de alta densidad
política. Haga lo que haga, el juez es un sujeto
incómodo. Desde la política, es habitual que se intente
controlarlo, limitar su actuación o condicionarla de
alguna forma. Entonces, aunque hay un discurso oficial
que alaba la independencia como algo definitivamente
consolidado en las democracias, la verdad es que es un
serio problema. Pero no sólo por agresiones externas,
sino incluso por la actitud de los propios jueces.
Porque hay jueces que aceptan no ser independientes y
tratan de ser gratos a una opción política o a un
determinado gobierno.
-¿Qué modelo propone
para garantizar la independencia judicial?
-La mejor realización práctica del modelo de justicia y
de juez que exige un Estado constitucional y de derecho
es el que aporta
-¿Se pudo aplicar en
otros países?
-En Portugal es donde mejor desarrollo tuvo. España tomó
el modelo del Consejo de
-En algunos casos, se
produjo incluso un aumento del control político sobre
los consejos de la magistratura.
-Sí, eso pasa en muchos países. En algunos casos, el
Consejo de
-La horizontalidad
que propone, con jueces iguales entre sí, ¿evitaría
esto?
-En realidad, lo de horizontalizar la justicia y hacer
que los jueces se distingan sólo por la función que
ejercen es algo que se puede lograr con un determinado
tratamiento legal. Por ejemplo, evitando que la propia
institución judicial esté jerarquizada como el ejército,
lo que no tiene razón de ser. Ahora, también es verdad
que la posición del juez juega un papel. Hay jueces a
los que les encantan el oropel, las togas y las
medallas. Ese tipo de jueces aspiran a posiciones de
poder. Lo importante es que no haya posiciones de poder
en la carrera. La cultura de los jueces debe ser una
cultura de la discreción. En nuestra profesión sobran
liturgias y pantallas que nos separan de la gente,
ocultan lo que hacemos y favorecen muchas veces malas
actuaciones judiciales, porque todo lo que no es
transparencia va en contra de la justicia bien
entendida.
-Sin embargo, muchas
veces con la excusa de la independencia los jueces se
muestran aislados y con privilegios que el resto de la
sociedad no tiene.
-No hay cosa más antinatural que un juez incrustado en
un marco de poder y beneficiándose con privilegios
difíciles de comprender, ejerciendo su poder de una
manera autocrática, que en vez de explicar sus
resoluciones las rodea de hermetismo para que resulten
casi incomprensibles. Esta función reclama sencillez. Y,
como es una función que pisa muchos callos, tiene que
ser ejercida con mucha legitimidad y soporte de
razonamiento.
-¿Qué piensa sobre la
presión de los medios? ¿No afecta también la
independencia judicial?
-Este es un problema que tiene muchísima importancia. Yo
conocí un tiempo en el que el único reflejo que tenía
nuestra actividad en los medios de comunicación era una
pequeña notita cuando había un crimen horrible. De ahí
pasamos a que los periódicos se abran con noticias
judiciales. Algunos jueces adquieren un protagonismo
desmesurado. Los medios de comunicación se convirtieron
en instancias de poder, y esto genera un clima que puede
ser muy condicionante para la independencia.
-¿Qué papel deben
tener los jueces en el diálogo con la prensa?
-No creo que sea bueno que comparezcan los jueces en una
rueda de prensa cada vez que dan sentencia. Puede dar
lugar a que digan más cosas de las que tienen que decir.
Creo que la vía de comunicación debería ser algún tipo
de oficina de prensa para facilitar determinado tipo de
información. No descarto que en algunos casos el propio
juez o el propio tribunal deban salir a un medio a
explicar, pero con autocontenció
-¿Es parte de la
búsqueda de protagonismo?
-Me parece una enfermedad grave. Creo que un juez no
puede tener de estelar más que lo que tenga el caso. A
veces es inevitable, si un caso es realmente relevante,
que el juez tenga protagonismo, porque, en definitiva,
la ciudadanía se encargará de leerlo en primera plana
por una razón de interés. Pero los jueces tendrían que
ser especialmente celosos, porque lo que administran no
es suyo. Si yo me convierto en un juez estrella y cada
caso en el que intervengo es un caso que desborda el
interés mediático, estoy arrastrando a las personas
cuyas situaciones administro a ese terreno, en el que no
tienen por qué estar.
-Es inevitable pensar
en el juez Baltasar Garzón...
-La experiencia Garzón tiene luces y sombras. Garzón
hizo cosas estimables, en parte por las circunstancias,
por su propia forma de ser y por el tipo de órgano que
administra. En España, los juzgados centrales -y Garzón
lleva un juzgado central- acumulan una enorme cantidad
de poder y de casos llamativos. Es una estructura
judicial muy cuestionable, porque favorece el estrellato
judicial. Tendría que modificarse. Entonces, allí hay
una conjunción de factores: casos muy importantes, una
actitud en algunas cosas innovadoras y en otras muy
valiente y un personaje arrollador. Garzón trató mucho
con la prensa, cuidó mucho su imagen en los medios y
todo eso, unido a que ocupó espacios muy importantes y a
que se ocupó de casos de mucho relieve, da como
consecuencia este fenómeno. Pero el fenómeno no es
bueno. El juez debe ser un sujeto discreto, muy
trabajador, que no debe rehuir a cierto tipo de
publicidad autolimitada y autocontrolada cuando sea
inevitable, pero que debería sentirse incómodo en esa
dimensión estelar.
Por Leticia Chirinos
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